martes 11 de enero de 2011


CANTO LISO


No, no me llamo como los rincones
ni crean que mi lágrima es antigua.
Sucede que en algunas ocasiones
desolación de muerte me averigua
y yo qué voy a hacer, hago su modo,
me pongo su manera y eso es todo.
Cansa, pero no estoy amontonada.
Sólo que hasta curar el maleficio
los ojos se me van de la mirada
y desvivir es mi secreto oficio.
De hastío y simulacro me corono,
piso el amor, trabajo el abandono.
Les pido por favor que no me quejo,
pero eso sí: vería con agrado
que alguien reconociera en un espejo
mi ser a duras penas dibujado.
Que alguien compadecido no sé dónde
sintiera que mi voz le corresponde.
Yo le paso a la gente, le sucedo
al tiempo y el espacio me improvisa.
Entre tinta y papel me tiene el miedo,
el fuego me amenaza con ceniza.
Y a veces no me sirvo para nada,
como una primavera serruchada.
Cuando la eternidad parece tanta,
qué puede hacer un corazón solito.
Escribe sombras, para adentro canta
un silencioso grito manuscrito,
y armas de torpe cazador estrena
para buscar arrimo en alma ajena.
Esto es unánime porque me pasa,
soledad que en ustedes se perdona.
Esto que en tantos ánimos fracasa
da la casualidad que es mi persona.
Por eso y por amor sólo les pido
que no me olviden cuando más olvido.
María Elena Walsh
de Hecho a mano (1970)